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EL Sindrome Metabolico, como entidad, tiene utilidad educativa, no clinica

INTEREZANTE ARTICULO PUBLICADO EN EL EL BLOG  SALA DE LECTURA

Hace algo más de un año nuestra compañera Luisa Hidalgo nos descubrió una interesante fuente bibliográfica que tenemos recogida en Los favoritos de Oro. Se denomina  Faculty Of 1000 Medicine o, más brevemente, F1000. Si accedemos a su página principal, en el menú superior encontraremos un apartado con un misterioso título: Hidden jewels. Con semejante nombre, no nos resistimos a bichear su contenido que, aunque está disponible sólo para los suscriptores, nos permite acceder a un apartado denominado Current Top 10 by F1000 Factor, colección de artículos seleccionados por su calidad y/o relevancia. Utilizamos este  recurso para rescatar artículos que pueden ser relevantes y que han pasado desapercibidos. Echándole un vistazo a F1000 podremos descubrir que denominar a este apartado joyas ocultas es, definitivamente, un acierto.Oteando este inmenso y cambiante pajar, de vez en cuando encontramos agujas de gran valor. Una que nos ha llamado la atención y a la que vamos a dedicar un breve comentario, se titula The metabolic syndrome: useful concept or clinical tool? Report of a WHO Expert Consultation. ¿Cuántos artículos hemos visto/leído en los últimos años sobre el llamado síndrome metabólico? ¿es una nueva entidad gnosológica? ¿es otro ejemplo de disease mongering? ¿es un concepto clínicamente útil? Estas preguntas no sólo nos las hemos hecho nosotros, sino que son las que pululan en el ambiente desde que empezamos a leer en los informes de alta de los internistas que algunos pacientes sufrían un síndrome X hasta entonces desconocido y ya, como tal, olvidado.

El artículo de hoy expone las conclusiones de un panel de expertos  de la Organización Mundial de la Salud -invitados por su papel relevante en la investigación sobre este tema- que evaluó la utilidad del concepto de síndrome metabólico en 4 áreas clave: fisiopatología, epidemiología, abordaje clínico y Salud Pública. La discusión, que se desarrolla en el texto, viene acompañada por una completa bibliografía sobre este controvertido tema. En su último apartado, los autores afirman que el síndrome metabólico es un concepto que centra la atención en problemas de salud complejos y multifactoriales. Dicho concepto puede ser útil desde una perspectiva educativa, su utilidad es, sin embargo, limitada como herramienta diagnóstica o clínica (…) El síndrome metabólico debe considerarse como una condición premórbida y debe, por tanto, excluir a los diabéticos o las personas con una enfermedad cardiovascular establecida. El síndrome metabólico, no debe aplicarse como un diagnóstico clínico. Cada país debe desarrollar estrategias coste-efectivas y adecuadas a su contexto para reducir el riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular, en base a los recursos disponibles. Esto debe complementarse con estrategias preventivas poblacionales centradas en el control y reducción de los factores de riesgo conductuales y metabólicos. En definitiva, lo que vienen a decirnos los expertos de la OMS es que no nos entretengamos elucubrando con el síndrome metabólico como una nueva enfermedad sobre la que hay que investigar y, por supuesto, aplicar nuevos y viejos tratamientos. La enfermedad cardiovascular, primera causa de muerte en España, para no ir más lejos, es fruto básicamente de hábitos tan poco saludables como fumar, beber en exceso, comer mucho más de lo que necesitamos, olvidarnos de la dieta mediterránea y pasarnos la vida delante de la tele o el ordenador.  La moda del chaise longue da idea de lo mucho que nos gusta estar tumbados y lo poco que nos place ponernos las zapas para salir siquiera a andar (no digamos correr) antes que a empujar el carrito de híper para comprar más comida. Como no hay mal que por bien no venga, si algo ha tenido de bueno el concepto de síndrome metabólico es que ha contribuido a mentalizarnos que problemas de salud como la diabetes y sus complicaciones y la enfermedad cardiovascular tienen un origen multifactorial. Y el abordaje también ha de serlo. Basta ya de estudios, revisiones y guías centradas en parte del problema: comencemos a utilizar las tablas de cálculo del riesgo cardiovascular como parte de la estrategia educativa del paciente y de nosotros mismos, como sanitarios. Y no olvidemos que el problema trasciende las consultas. En los años ’90 resultaba chocante ver al republicano Schwarzenegger como adalid de la administración del demócrata Clinton, promoviendo el ejercicio físico entre los escolares.  Hoy, 20 años después, aún seguimos esperando que nuestros diecitantos gobiernos se decidan a intervenir de una vez por todas en los innumerables frentes abiertos: desde los colegios, hasta poniendo coto a la publicidad de una industria alimentaria algunos de cuyos mensajes, etiquetados y productos son un auténtico atentado para la Salud Pública. Veinte años de retraso y ninguna lección aprendida. Claro que, como cantaba Carlos Gardel, veinte años no es nada.

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